A mis 54 años, si miro hacia atrás, puedo ver con claridad el hilo conductor de mi propia historia. Pasé media vida trabajando en una empresa tradicional bajo la dirección de mi padre; una escuela valiosa, pero que en un momento me desafió a escuchar mi instinto y abrirme camino propio.
Esa búsqueda me llevó al universo del desarrollo humano. Me formé como coach ontológico y sistémico, pero hubo un quiebre fundamental en mi carrera cuando entendí que, para abordar el bienestar de manera profunda y respetuosa, debíamos integrar dos dimensiones muchas veces olvidadas en el ámbito corporativo: el cuerpo y las emociones.
Esta certeza me llevó a certificarme en Chile en Coaching Corporal («Cuerpo en Movimiento»), convirtiéndome hoy en una de las pocas profesionales con esta especialidad en Paraguay.
Como madre de tres hijos y profesional que acompaña a personas y empresas, hoy elijo volcar esta experiencia en un tema que considero urgente para nuestra comunidad de Recursos Humanos: la salud, la gestión emocional y el bienestar de los colaboradores.
Del «recurso» humano al ser humano integrado
Históricamente, las organizaciones han operado bajo la premisa de que el trabajo es un espacio puramente racional. Sin embargo, los líderes de Gestión de Personas sabemos que un colaborador no deja sus emociones ni su cuerpo en la puerta de la oficina. El estrés, la incertidumbre, la motivación o el entusiasmo se sienten, se viven y se manifiestan físicamente.
Cuando hablamos de salud y bienestar laboral, ya no basta con ofrecer pausas activas aisladas o programas de beneficios estandarizados. Debemos migrar hacia un enfoque integral. La gestión emocional efectiva no es «controlar» lo que sentimos, sino aprender a escucharlo. Y el canal más honesto que tenemos para escuchar esa emocionalidad es nuestro propio cuerpo.
El cuerpo como termómetro del clima organizacional
Nuestra postura, nuestra respiración y la tensión que acumulamos en el día a día son el reflejo directo de nuestro estado emocional.
Un equipo sobrepasado por la exigencia no solo mostrará fatiga mental; mostrará cuerpos tensionados respiraciones cortas y un lenguaje (corporal/no verbal) que comunica bloqueo. Por el contrario, la apertura, la flexibilidad y el movimiento, promueven un espacio de confianza.
Desde el coaching corporal, trabajamos bajo la premisa de que el cuerpo no miente y, además, es una puerta de acceso para cambiar nuestra emocionalidad. Si cambiamos la disposición corporal, podemos cambiar la forma en que habitamos una emoción y, en consecuencia, cómo accionamos en el trabajo.
Para las empresas paraguayas, abrirse a estas metodologías innovadoras (a través de talleres vivenciales y coaching corporativo) representa un salto cualitativo. Permite a los colaboradores:
- Desarrollar autoconciencia: Reconocer dónde se aloja el estrés antes de que se convierta en burnout o un reposo médico.
- Gestionar la resiliencia: Aprender a usar la respiración y el centramiento corporal para recuperar el eje ante la crisis.
- Mejorar los vínculos: Diseñar conversaciones más efectivas y empáticas desde una postura de escucha y respeto absoluto por el otro.
Una mirada internacional y de futuro para la APARH
Desde mi rol en las Relaciones Internacionales de la APARH, tengo el privilegio de observar las tendencias globales en Gestión de Personas. El mundo avanza hacia organizaciones cada vez más humanas, donde los índices de productividad ya no se desmarcan de los índices de felicidad y salud.
Paraguay tiene una oportunidad de oro para liderar este cambio en la región. Tenemos el talento y la calidez humana; nos falta incorporar herramientas metodológicas más integrales que pongan al bienestar en el centro de la estrategia del negocio.
Cuidar la salud y la gestión emocional de nuestros colaboradores no es un costo, es la inversión más inteligente y humana que podemos hacer. El desafío para quienes lideramos el área de Recursos Humanos es animarnos a mirar más allá de los procesos tradicionales, reconectar con nuestro instinto y recordar que, detrás de cada puesto de trabajo, late un ser humano completo: con mente, emoción y cuerpo.
